Cuento los Tres Cerditos

Érase una vez tres cabritos que se apellidaban Bruto. Eran tres hermanos y se llamaban: Pequeño Cabrito Bruto, Mediano Cabrito Bruto y Mayor Cabrito Bruto. Pastaban en la abundante y verde hierba que crecía en el valle cercano a su casa. A menudo, Madiano Cabrito y Mayor Cabrito advertían a Pequeño Cabrito que no paseara lejos de casa.

“no cruces el puente. Bajo el puente vive un viejo duende huraño. Se come a los cabritos pequeños.”

Pequeño Cabrito, que era un hermano pequeño muy obediente, siempre seguía el consejo de Mediano Cabrito y de Mayor Cabrito. Pero un día pastó por toda la verde hierba del valle que tenía al lado de su casa. Fue mordisqueando la hierba hasta llegar justo al borde del puente de madera.

Cuando  miró al otro lado del puente, vio que en el otro extremo había una colina cubierta de hierba, de una hierba muy muy verde. Dijo: “Si pudiera pastar en esa hierba tan y tan verde, crecería y me volvería tan grande y fuerte como mi hermano mediano, incluso podría volverme tan grande y fuerte como mi hermano mayor”. Miró con anhelo hacia aquella colina y echó un vistazo bajo el puente. Como no vio al duende, decidió cruzar el puente. Trip-trap, trip-trap, trip-trap, Pequeño Cabrito Bruto pasaba trotando por el puente de madera. De repente, oyó al duende que decía: “¿Quién está trotando por mi puente?”.

 “Soy Pequeño Cabrito Bruto”.

El duende contestó: “Pequeño Cabrito Bruto, me encanta comer cabritos pequeños y … ¡te voy a comer!”.

Pequeño Cabrito Bruto, que era un pequeño cabrito muy listo, respondió: “Oh, señor duende, no me coma. Sólo soy un pequeño cabritillo. Espere a que venga mi hermano, que es mucho más grande que yo, entonces tendrá más comida”.

El duende, pensando en lo fantástico que sería disfrutar de un gran manjar de cabrito. respondió: “Pero…¿cómo sabes que tu hermano vendrá a mi puente?”.

“Señor duende, cuando mi hermano no me encuentre, vendrá a buscarme. Cuando me vea comiendo la hierba tan y tan verde que hay al otro lado de este puente, vendrá a recogerme para volver a casa”. El señor duende decidió esperar mientras pequeño Cabrito Bruto trotaba y trotaba a lo largo del puente de madera y subía la colina hacia la hierba tan y tan verde que había al otro lado.

Al cabo de un rato, Mediano Cabrito Bruto descubrió a su hermano comiéndose la hierba tan y tan verde al otro lado del puente. Decidió ir a buscar a su hermano pequeño para llevarle a casa. Trip-trap, trip-trap, trip-trap, Mediano Cabrito Bruto empezó a trotar por el puente de madera. De repente, oyó al duende viejo y huraño que decía: “¿Quién está trotando por mi puente?”.

“Soy Mediano Cabrito Bruto”.

El duende gruñó: “Mediano Cabrito Bruto, me encanta comer cabritos medianos y…¡ te voy a comer!”.

Mediano Cabrito Bruto, que era un cabrito mediano muy listo, respondió: “Oh, señor duende, no me coma. Sólo soy un cabrito mediano. Espere que venga mi hermano, que es mucho más grande que yo, entonces tendrá más comida”.

El duende, pensando en lo fantástico que sería disfrutar de un gran manjar de cabrito, respondió: “Pero… ¿cómo sabes que tu hermano vendrá a mi puente?”.

“Señor duende, cuando mi hermano no me encuentre, vendrá a buscarme. Cuando me vea comiendo la hierba tan y tan verde que hay al otro lado de este puente, vendrá a recogerme para volver a casa”.

Entonces, el señor duende esperó mientras Mediano Cabrito Bruto trotaba, trotaba y trotaba a lo largo del puente de madera y subía la colina para encontrarse con su hermano pequeño y comer la hierba tan y tan verde que había al otro lado del puente.

Al cabo de un rato, Mayor Cabrito Bruto descubrió a sus hermanos comiéndose la hierba tan y tan verde al otro lado del puente y decidió ir a buscarles para llevarles a casa. Trip-trap, trip-trap, trip-trap, Mayor Cabrito Bruto empezó a trotar por el puente de madera. Como era de esperar, el duende dijo gruñendo: “¿Quién está trotando por mi puente?”.

“Soy Mayor Cabrito Bruto”.

El duende gruñó: “Mayor Cabrito Bruto, me encanta comer cabritos grandes y… ¡te voy a comer!”.

Mayor Cabrito Bruto, que era un cabrito muy grande y que pensaba muy rápido, respondió: “Oh, señor duende, no me coma. Acérquese y vea lo enorme que soy y lo dura que debe de estar mi carne”.

El viejo duende huraño avanzó hacia la orilla del riachuelo y llegó hasta el borde del puente. Mayor Cabrito Bruto permaneció con la cabeza baja en mitad del puente de madera. Cuando el duende llegó hasta él, el cabrito le dio tal cabezazo que salió volando por los aires y fue a parar lejos, lejos…río abajo. Cuando aterrizó, se escapó a otro puente y a otra colina.

Desde aquel día, los tres Cabritos Brutos cruzan a diario el puente de madera para pastar en la hierba tan y tan verde de la ladera. Ahora mismo les oigo cruzando el puente.

Trip-trap, trip-trap, trip-trap. Trip-trap, trip-trap, trip-trap. Trip-trap, trip-trap, trip-trap.

Moraleja: No dejes que los demás te intimiden.

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